Comencemos por el
principio…
Mi nombre es Inma Cebrián, y soy una más de
las que fracasan al dejarse llevar por
cualquiera de las personas, generalmente profesores los cuales se han otorgado
a sí mismos la labor de orientador/a, que por un momento son capaces de generar
en tu mente ciertas dudas sobre tu futuro. "Tú aspiras a mucho más",
decían, ni siquiera dándose cuenta de que verdaderamente estaban criticándose a
ellos mismos, mostrando ellos mismos su vocación y empatía hacia sus
alumnos.
Desde que era pequeña la profesión de docente la he
tenido muy presente, no porque mis padres o hermanos formen parte de este
grupo, sino porque otro familiar, bastante cercano como es un primo, cuando era
pequeña él estaba en esta etapa. Fui su conejillo de indias, ensayando y
aplicando ejercicios conmigo e incluso llegando a enseñarme muchísimo más que
cualquier profesor en ese momento. ¡Oh, qué bonito!, pensaba. Fue ahí cuando
empecé a decir, que MI SUEÑO ERA SER PROFESORA.
Este blog he querido llamarlo EDUCADA LA VIDA ES MÁS,
puesto que, bajo mi punto de vista, y desde cualquiera que lea esto, la
educación es uno de los pilares fundamentales de nuestras vidas, y por ello,
los profesores también lo son. Desde el primer curso hasta el último, desde el
primero hasta los presentes, son dignos de admirar, pero sobre todo, y más aún,
los docentes de infantil y primaria. Con ellos hemos aprendido a colorear, a
escribir, leer, contar… ¡Oye! ¡Qué importantes que son los maestros! Y entonces,
¿por qué son tan criticados en esta región? ¿Por qué tachan a los docentes como
aquellas personas “que no sirven para nada”? Déjenme que les cuente algo. Los
docentes, durante un periodo de tiempo, han sido como vuestros padres e incluso
os han aportado valores que no cualquier persona podría hacer (hablando de
docentes vocacionales, claro). Y es que, gracias a esta visión hoy en día, las
plazas de profesorado están “minadas” de personas que no sabían qué hacer en su
vida, o simplemente, que no querían complicarse mucho a la hora de estudiar,
privando a muchos docentes la ilusión y libertad de poder cumplir su sueño. Lo
que esos “docentes” no saben, es que los problemas les vienen detrás, afectando
sobre todo, a los alumnos.
Con todo esto, quería llegar al pequeño debate que
tuvimos el clase, en el cual, se nos preguntaba cuál era la escuela que
queríamos para la sociedad en la que vivimos. Pues bien, aquí os dejo mi
respuesta. Quiero una escuela en la que se fomente la motivación por parte del
alumnado, pero para ello, primeramente deberá ser generada por parte del
profesorado. Estos, deberían sentir su profesión e inculcar a todos y cada uno
de los niños qué es la educación y qué importancia tiene. Hoy en día, muy pocos
son los alumnos que cada mañana despiertan deseosos por asistir al colegio, ansiosos
por aprender y saber que la educación es un aspecto fundamental en la vida.
¿Por qué no hacemos algo para que la escuela sea divertida?
Por otra parte, señalaría una escuela en la que se
examinase el nivel de educación de los docentes, su forma de impartir lecciones
y el grado de satisfacción de los niños y los familiares porque, ¿para qué
queremos que los niños tengan cierto “aborrecimiento” a la educación? ¿Por qué
no se la planteamos de una forma más divertida? Porque ya Nelson Mandela
afirmaba: la educación es el arma más
poderosa para cambiar el mundo. Si no hacemos que esos alumnos en el futuro
estén lo suficientemente capacitados para cambiar el mundo, ¿quién lo hará por
ellos?
Y es que, al fin y al cabo, como Confucio dice, elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida, pues por eso es preferible perseguir tus sueños porque esos maestros insatisfechos con su trabajo, son los únicos que al fin y al cabo trabajarán.
Esta es una de las tantas publicaciones que me quedan por escribir, y espero, al menos
que sea de vuestro agrado. Un saludo.